Sus crímenes no son menores que el holocausto nazi: víctima a exjefes de las Farc Redacción Judicial – Hace 30 min

Cinco de los siete miembros del antiguo secretariado de las Farc. De izquierda a derecha: Julián Gallo, Pastor Alape, Rodrigo Londoño, Rodrigo Granda, Milton Toncel.

© Proporcionado por El Espectador. Cinco de los siete miembros del antiguo secretariado de las Farc. De izquierda a derecha: Julián Gallo, Pastor Alape, Rodrigo Londoño, Rodrigo Granda, Milton Toncel.

En el tercer día de audiencias de reconocimiento ante la JEP, los siete miembros vivos del antiguo secretariado de la guerrilla reconocen los secuestros cometidos con fines de control territorial. Es decir, los plagios de personas que buscaban atemorizar y aleccionar a las poblaciones que controlaba el grupo armado.
Tras reconocer y pedir perdón por los miles de secuestros que cometieron para presionar un canje por guerrilleros presos y para financiar su guerra, los exjefes de las Farc vuelven este jueves ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) a reconocer otro patrón de este crimen: los secuestros cometidos con la finalidad de controlar las poblaciones donde ejercían su poderío. Según ha determinado la Sala de Reconocimiento de Verdad, en las zonas del país que fueron retaguardia de la guerrilla, miles de personas fueron privadas de su libertad para atemorizar y aleccionar a civiles.

“En la guerra hay un principio fundamental de control territorial. Cualquier fuerza, grande o pequeña, tiene que tener el control del territorio. Eso se plasma en un control no solo geográfico, sino de todo lo que hay en ese teatro de operaciones”, inició explicando Julián Gallo, conocido en la guerra como Carlos Antonio Lozada. “En los planes militares nuestros siempre se partía de ese elemento. Nosotros teníamos frentes, que tenían asignadas un área y su primer mandato era garantizar el control de ese territorio”, continuó.

Fue en ese ejercicio de control territorial, que las Farc secuestraron a cinco personas en 2005, entre ellas los padres de Menfis Molano y Aura Saavedra. “Hemos indagado. Algunas de las respuestas que logramos obtener están en el escrito que ustedes conocen y hemos incluido en el plan de búsqueda de la UBPD ese caso porque hoy tenemos que reconocer que fueron unidades del Frente 40, comandados por Darío Huesitos quienes tomaron la decisión: primero, de retener a sus familiares. Ellos tomaron la decisión con base en información que tenían de presencia de personas extrañas”, reconoció Gallo.

“Vamos a agotar todo lo que sea posible para encontrar a sus padres (Jesús Antonio Molano y Osser Saavedra), a Edna (Martínez) y a Erika (Gómez)”, añadió el hoy congresista del Partido Comunes. El único sobreviviente de ese secuestro, Gustavo Trujillo, fue liberado en un carro bomba con rumbo a una base militar. “A qué mentes, si no es a mentes enfermas se les ocurre armar un carro bomba y montar a un ser humano con la idea de explotarlo cuando llegara una guarnición militar”, le dijo Julián Gallo al sobreviviente.

A Esperanza Rojas le han dicho asesina y le han escupido por buscar a militares y policías desaparecidos, como directora de la Fundación Colombiana de Víctimas del Conflicto Armado de Secuestro Desaparición Forzada y otros hechos victimizantes (Funvides). En la audiencia, mientras hablaba, dos miembros de su oenegé sostenían un cartel en el que se leía: “403 mil militares y policías que no escucha la JEP”.

Mirando al antiguo secretariado de las Farc, los increpó por los múltiples uniformados desaparecidos que trataron con especial crueldad: “Ustedes los mataban, los torturaban, los desmembraban sin dolor”. Y añadió que su camino ha estado lleno de estigmatizaciones: “Me han dicho terrorista porque busco a seres humanos que se colocaron un camuflado, pero detrás de ese camuflado ellos tenían una familia”.

Su esposo, el suboficial del Ejército José Vicente Rojas, fue desaparecido por las Farc hace casi 30 años y ella persiste en su búsqueda. “Hemos sido discriminados por la Comisión de la Verdad, que no nos quiso escuchar; por la Unidad de Búsqueda, que no nos ha dado respuestas; por la Unidad de Víctimas que siempre ha discriminado a nuestra Fuerza Pública”, añadió Rojas.

“Tenía hasta hace unos días un discurso diferente, pero al ver sus caras en estos días…. En sus corazones y en sus mentes jamás ha estado la verdadera intención de reparar a las víctimas. Sus crímenes no son menores que los que sucedieron en el holocausto nazi”, les dijo Menfis Molano al antiguo secretariado de las Farc. Su padre, Jesús Antonio Molano, había sido secuestrado junto a Osser Saavedra, Erika María Gómez, Gustavo Trujillo y Edna Martínez, cuando iban en un carro de Bogotá a Villavicencio (Meta) en marzo de 2005.

Las Farc sospechaban que los cinco eran enviados por el Ejército. Los detuvieron y los interrogaron. El único sobreviviente de ese secuestro, Gustavo Trujillo, fue devuelto en un carrobomba a la libertad y hoy sigue enfrentando las secuelas de ese secuestro. “¿!ué tipos de verificaciones se hicieron?, ¿quiénes estuvieron implicados?, ¿hubo agentes involucrados?”, les cuestionó Aura Saavedra, hija de Osser, a los excomandantes guerrilleros. “Lograron parar miles de sueños, estudios. Agradezco que me hayan escuchado y espero que nos puedan contestar”, les dijo.

Las hijas de Osser Saavedra y Jesús Antonio Molano coincidieron en que la respuesta que ha dado el antiguo secretariado a este caso ha sido insuficiente. Una de las mujeres secuestradas estaba en embarazo, por ejemplo, y esto ha sido “invisibilizado” por la antigua guerrilla, según las víctimas. La magistrada Lemaitre les habló a ambas cuando terminaron su intervención: “donde sea que estén sus papás, creo que nos están observando y estarían muy orgullosos de ustedes”.

Vladimiro Bayona inició su intervención contando que busca a su hijo hace más de 11 741 minutos: el estudiante de ingeniería ambiental Alexander Bayona, quien fuera secuestrado por las Farc en el año 2000, en Palmira (Valle). “Mi presencia acá es con un solo fin: para poder sellar mi duelo. Tengo aquí a mi esposa sufriendo, a mis otros dos hijos les da temor salir a disfrutar lo bonito que es Colombia”, dijo el padre, mirando a los ojos al exjefe guerrillero Pablo Catatumbo, quien comandaba la Columna Móvil Alirio Torres de las Farc para el momento del hecho.

“Yo sé que usted sabe dónde está enterrado mi hijo. No es más, sino que haga un esfuerzo”, interpeló Bayona a Catatumbo. “No quiero enterarme de los momentos previos a ese vil asesinato, pero lo que sí necesito yo es que nos ayude a encontrarlos”, le dijo. “Sabemos bien que usted puede realizar indagaciones a través de excombatientes. Usted puede llegar a ellos y a una persona muy importante en esta investigación: la periodista Salud Hernández”, añadió el padre, citando una columna de la comunicadora.

“Déjeme ir de este mundo…”, dijo Vladimiro Bayona mientras se le quebraba la voz, “… sabiendo dónde enterré a mi hijo”. Y le advirtió a Catatumbo que no podrá perdonarlo hasta que no le ayude a encontrar a su hijo. El estudiante Bayona fue secuestrado con su amigo, su partner, como lo llamó el padre, quien continúa desaparecido. Ambos estaban en el corregimiento de Combia estudiando. “¡Qué servicio el que hubieran prestado a la Nación hoy!”, dijo Bayona mirando a Catatumbo.

El último comandante del Bloque Occidental de las Farc, Jaime Parra, quien fue llamado en las Farc como El Médico o Mauricio Jaramillo pidió perdón por los daños en la salud de los miles de secuestrados por la guerrilla, que no recibieron atención. “Reconozco mi responsabilidad, por omisión, sobre el deterioro de salud física y mental de los secuestrados”, aseguró Parra.

Hoy el exjefe guerrillero dirige la comisión de búsqueda de desaparecidos de las extintas Farc y se ha enfrentado al desafío de encontrar a las personas que la exguerrilla había secuestrado. Sobre ese trabajo dijo: “Hoy condeno rotundamente el secuestro y la desaparición forzada. No existe justificación para haber cometido estos crímenes”. Enlistó, además, a varias víctimas de desaparición y les pidió perdón a sus familias.

Rodrigo Londoño, el último comandante de la exguerrilla de las Farc pidió perdón por los secuestros, torturas y otros crímenes a los que sometieron a personas humildes, del campo, para controlar sus zonas de influencia. Según explicó, “esa ceguera nos llevó a ver enemigos donde no los había”. Dijo que los hechos de violencia sexual o malos tratos a secuestrados no fueron una política de la organización, pero reconoció que tales hechos sí se presentaron. “No fue una política de la organización, pero sin duda fueron crímenes”.

“Hoy nos resultan inaceptables las prácticas que en la guerra consideramos justificables”, añadió Londoño sobre los trabajos forzados que les impusieron a los secuestrados o las largas caminatas a las que los sometieron hasta su lugar de cautiverio. “Nos duele el dolor que causamos, al imponer un manto de incertidumbre sobre la vida de los secuestrados”, dijo luego, sobre la práctica que se volvió usual, de no contarles a las familias qué pasó con sus familiares.

Finalmente, Londoño, conocido en la guerra como Timochenko, pidió perdón a las víctimas que estaban presentes en el auditorio.

El primer compareciente en tomar la palabra fue Pastor Alape, miembro del antiguo secretariado de las Farc-EP, dijo que “los horrores a los que sometimos a miles de ciudadanos colombianos humildes, por los que nos levantamos en armas”. Dijo que, cuando estaban en la guerra, justificaron los secuestros de personas que consideraban enemigas, que no habían respetado las normas de la comunidad o que no habían pagado alguna “multa”. “Eso hoy no es justificación”, reconoció el excomandante del Bloque Magdalena Medio de la exguerrilla.

El secuestro, “además de haberle quitado la libertad a la gente, estuvo acompañado de malos tratos”. Según explicó, “en ese relacionamiento con las comunidades, que eran el centro de nuestra lucha, cometimos estos crímenes. Y, con el paso del tiempo, buscando cómo posicionar a la organización en el territorio, a medida que nos consolidábamos, se nos disparó la arrogancia y violamos la narrativa y el compromiso participativo de las decisiones”.

Alape dio algunos ejemplos: cuando le prohibían a alguien salir de la vereda por un mes no consideraban que fuera un secuestro; o cuando obligaban a alguien a laborar en la construcción de una carretera por incumplir alguna norma impuesta por la guerrilla, no lo consideraban trabajos forzados. Hoy, añadió el exjefe guerrillero, saben que cometieron crímenes. “Duele profundamente que, como organización revolucionaria, hayamos ocasionado tanto dolor”, dijo Pastor Alape.

La exmagistrada Lemaitre interrumpió a Alape y lo interpeló: “ustedes le dieron las armas y el poder a todo tipo de comandantes. La privación de la libertad fue una partecita. Aquí viene gente humilde que, en muchas ocasiones, lo único que tenía era su cuerpo y su cuerpo quedó sometido a esos comandantes”. En lugar de contestarle a la togada, Alape pasó a hablar de la reparación de las víctimas y se quejó de cómo, de los bienes que entregaron las antiguas Farc, como parte del “patrimonio de guerra” que irá a reparar a las víctimas, el Gobierno únicamente ha monetizado $42.680 millones.

Cuando el conflicto arreció y comenzó la confrontación armada más dura entre la guerrilla, la Fuerza Pública y los paramilitares, las Farc comenzaron a secuestrar a personas que, según sus sospechas, podrían ser “enemigos”. “Toda la gente que ha venido a la JEP por este patrón es porque sufrió duramente”, explicó la magistrada Julieta Lemaitre, quien conduce el macrocaso 01, en el que se investiga la conducta del secuestro y los demás delitos cometidos en el camino de esa política.

“Es en este patrón donde tenemos el mayor número de desapariciones, de violencia sexual, de trabajos forzados”, comentó Lemaitre, sobre los secuestros con fines de control territorial, en contraste con las otras finalidades que ya reconoció el antiguo secretariado de las Farc en días pasados: con fines de financiamiento y con fines políticos.

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