Triunfo de Gustavo Petro: ¿declive o resurgir del Centro Democrático?

Hace cuatro años el Centro Democrático fue el partido que tuvo los mejores resultados de la contienda electoral. No solamente logró que fuera elegido el presidente Iván Duque, sino que fue la mayor fuerza electoral en el Congreso con 19 senadores y 32 representantes a la Cámara, repitiendo el exitoso debut de cuatro años atrás cuando la lista era cerrada y el exmandatario era cabeza de lista.
Ambas listas fueron arrastradas por el reconocimiento del expresidente Álvaro Uribe. A pesar de que la lista fue abierta —es decir, que cada candidato debía buscar sus votos—, Uribe fue el de mayor respaldo en esas elecciones y en toda la historia del país con 801.692 votos, lo que arrastró a varios que venían detrás.

Sin embargo, en estas elecciones la colectividad ha sido señalada como una de las más derrotadas. No solo no logró tener un candidato presidencial que llegara a primera vuelta, sino que para el periodo legislativo 2022-2026, el partido del expresidente Álvaro Uribe contará con 30 curules en el Congreso; es decir, 21 escaños menos que los que obtuvo en 2018.

Además, fracasó en su gran apuesta en la contienda presidencial, que era evitar a toda costa la llegada de Gustavo Petro a la Casa de Nariño. Hoy, el líder del Pacto Histórico es el nuevo mandatario de los colombianos y dirigirá los hilos de la nación desde el próximo 7 de agosto.

No obstante, lo que es para el Centro Democrático su mayor derrota, también se convierte en la punta de lanza de su resurgir.

Con Petro en el poder, el uribismo se quita el peso de encima de ser gobierno, una ‘carga’ que puede resultar desgastante en momentos en los que el país atraviesa por una de las inflaciones más altas de los últimos años y cuando se prevé una contracción económica para el segundo semestre de 2023.

A pesar de que el anhelo de cualquier fuerza política es estar en el gobierno, donde están el poder y los cargos a disposición, también implica salir a responder por cada noticia negativa que ocurra en el país, por más que no necesariamente lo ocurrido sea responsabilidad del presidente.

Ser gobierno es asumir, por ejemplo, el desgaste de las reformas tributarias, las crisis económicas y los hechos generados por la violencia.

Con este escenario, el Centro Democrático pasará a ser oposición, un espacio en el que brilló en el pasado reciente, cuando se le hizo un férreo contrapeso al expresidente Juan Manuel Santos. Tanto es así que la victoria del ‘No’ en el plebiscito por la paz fue, en buena medida, un triunfo del uribismo.

Esta gestión en la oposición fue la que permitió que el partido se consolidara en 2018 como la principal fuerza política del país y pusiera presidente.

Sin embargo, contrario a lo ocurrido en los últimos ocho años, el Centro Democrático de 2022, aunque continúa bajo el liderazgo de Álvaro Uribe, no depende exclusivamente del expresidente, como ocurría hace poco tiempo, sino que llega con figuras renovadas, que tienen un electorado propio y cuyas voces tienen mucho en el país.

Tal es el caso de María Fernanda Cabal, Miguel Uribe Turbay y Paloma Valencia. “Aquí estoy y soy oposición. No los voy a abandonar. Los socialistas solo saben destruir y nuestra obligación es defender la libertad”, apuntó la senadora Cabal, tan pronto se proclamó la victoria de Petro.

Al contar con estos nuevos liderazgos, el expresidente Uribe puede mantenerse al margen, como lo ha venido haciendo en los últimos meses, aunque internamente sigue manejando los hilos del partido, y evitarle al Centro Democrático el desgaste que ha sufrido su imagen.

Adicionalmente, si algo tiene el uribismo es que aún sigue habiendo millones de personas que creen en el legado y las ideas del exmandatario, por más desgaste que tenga su imagen.

La militancia del Centro Democrático es disciplinada, y por más de que el exsenador ya no vaya a estar compitiendo, hay otros liderazgos que congregan esos votos que deja él.

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