Después de varios meses, mamá logra hablar con su hijo, un soldado en el Guaviare

Una gran sorpresa se llevaron madre e hijo, quienes no se habían comunicado hacia varios meses, a razón del trabajo del joven, y es que siendo soldado se encontraba en una zona sin señal de celular, adelantando labores de erradicación manual de cultivos ilícitos.

La carrera militar es una profesión que exige sacrificio, constancia y mucha vocación de servicio, donde las personas se desprenden de los lujos, las comodidades e incluso del seno de sus hogares, y comprendiendo este panorama, vemos como cientos y miles de hombres y mujeres, se suman a la causa de defender su país, de ser el orgullo de sus familias y cumplir sueños en las filas del Ejército Nacional.

En esta historia, el soldado Boris de la Vega, quien presta su servicio militar en el Batallón de Infantería N.°19 general Joaquín Paris en San José del Guaviare, dedicado a su deber como soldado, bajo el liderazgo y experiencia de sus comandantes, con objetivos claros, junto con otros soldados, realizan operaciones ofensivas contra el narcotráfico, en área general de la vereda Guanapalo, lo que lo ha llevado a erradicar con esfuerzo cientos de hectáreas de cultivos ilícitos, destruir semilleros de mata de coca y neutralizar laboratorios para el procesamiento de pasta base de coca, y clorhidrato de cocaína, entre otras operaciones.

Las condiciones del terreno obligan a los soldados a pasar meses sin tener comunicación con su familia, pues generalmente son zonas sin acceso a señal para operadores de telefonía móvil; y, sin embargo, su moral es volver sanos y salvos, al lado de sus padres, esposas e hijos. En este caso, Boris al lado de su mamá; la señora Martha Andrade, con quien vive en el municipio de Soledad, Atlántico.

En el año del fortalecimiento del liderazgo, la moral combativa y la contundencia operacional, que se basa en el carácter aguerrido, en la disciplina y la honorabilidad, apalancado en la transparencia y rectitud, el soldado de nuestra historia recibió la grata sorpresa, gracias a sus comandantes; la llamada de su mamá a través de radio de campaña, un medio de comunicación militar que llega a cualquier rincón del país.

La moral combativa del soldado, como ellos le llaman, es la familia, por eso su comandante de Batallón en el puesto de mando adelantado, hizo las coordinaciones para que se diera el gran momento; en una línea telefónica tenía a su mamá desde el Caribe colombiano, y en la otra línea aguardaba el soldado Boris, sin saber de qué se trataba.

Llegó el momento, y como era de esperarse, la emoción de una madre no se podía contener. La señora Martha escuchaba a su hijo a través del radio, palabras de amor de una madre a su hijo, no se hicieron esperar, hubo voces entrecortadas de la alegría, lágrimas y oraciones elevadas a Dios rezando por la protección de su hijo y el resto de la tropa. Por su parte, el soldado Boris, también logró saludarla, y le daba ánimos a su mamá para que aguardara con paciencia y tranquilidad su regreso.

Fue un instante lleno de emociones, en el que madre e hijo hablaron por primera vez después de 4 meses de no hacerlo. El resto de su familia emocionada se apresuraba a cambiar de turno para hablar con el soldado, aprovechando cada segundo de la comunicación.

El deber más noble del soldado es velar por la seguridad de su país, y para ello se exigen hombres y mujeres enérgicos comprometidos con la misión que desempeñan, actuando con pilares sólidos de lealtad y orgullo, enalteciendo el nombre propio, el de sus familias y el de la institución, para construir con sacrificio un legado de paz y prosperidad para las nuevas generaciones.

El Soldado Boris, continúa a la fecha trabajando en la lucha contra el narcotráfico, así como cientos de soldados en el Guaviare, adelantan operaciones ofensivas contra los grupos armados organizados y otros delitos que atentan contra la seguridad, el orden público y la tranquilidad de los colombianos al sur oriente del país.

El Ejército Nacional seguirá fortaleciendo el liderazgo, la moral combativa y la contundencia operacional dentro y fuera de sus filas, llevando un mensaje de esperanza y tranquilidad a los guaviarenses, así como a las familias de cada uno de sus hombres y mujeres de piel pixelada, que a diario entregan sus vidas con sacrificio y vocación de servicio, por un bien mayor.

 

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